Hay momentos de la vida en
lo que todo lo que emprendemos parece ir de mal en peor. En uno de mis viajes a
Roraima, tuve tantos problemas que hasta pensé en regresarme a casa. Creo que
algunas veces tenemos esas señales en el camino; y que no sabemos descifrar, si
seguir o parar. No es fácil decidir cuándo es una advertencia o una prueba de
resistencia. Tal vez lo que lo determina pueda ser el motivo por el cual lo
hacemos. Aun así como diría William Blake en sus proverbios del Infierno “El
necio no ve el mismo árbol que ve el sabio” y esto es algo a lo que llegamos
cuando no entendemos el verdadero motivo de nuestro camino.
En una oportunidad en la que
salía a Roraima solo con mi mochila; a
encontrarme conmigo mismo, porque es lo que uno siente. Mucha gente que viaja
hasta allá, quiere regresar; sienten que al igual que a mí, la magia los
atrapa. El autobús que tome hasta Santa Elena se accidentó. En la oscuridad de
la noche en plena autopista, viendo como pasaban los carros, pensaba que esto se
resolvería pronto, y que en un par de horas llegaría un nuevo autobús y
retomaría mi camino, pero no fue así. No pude llegar de una sola vez. Eran
aproximadamente las 2 de la mañana y el cansancio del día anterior con tantos
preparativos me dejó agotado. Generalmente duermo en el viaje, pero en esta me
fue imposible. Una mala noche, paradas interminables, luego una larga espera a
orillas de la carretera esperando el supuesto autobús de reemplazo que nunca
llegó.
| Foto: Angel Romero. Gran Sabana al Amanecer. |
Me vi en la obligación de tomar
un taxi que pasó, y dividí gastos con otros 2 pasajeros. Fue un mensaje divino
me dije a mi mismo. En el terminal me enteré que no había autobuses, porque los
pasajes estaban ya vendidos, no eran buenos pronósticos. Estas son las cosas
que uno detesta pero que más comenta de un viaje. No sabía que hacer porque, no
había autobús y para saber tenía que esperar hasta las 11 de la mañana.
El silencio en el lugar era
aterrador. Solo unos 2 grupos de
personas esperando a lo lejos otras 2 vendiendo cigarrillos, El sueño me estaba
pasando factura y sin tener donde dormir. Pasaron unos segundos cuando un autobús
hacia caracas llegó. Me dije, “me voy a regresar” pero pensé en todo lo que ya
había logrado y hecho y dije, no!, es tentador; pero me quedo. A las 4 de la
mañana llegó lo que aquí en Venezuela llaman buseta (un autobús pequeño) que salía
a las 5 am. Encontré puesto, “incomodo”, pero encontré. Pude pagar el pasaje,
aunque perdí el dinero del primer viaje. Este hombre manejó con una rapidez de
locos, y llegue a San Francisco a las 11am de ese mismo día para poder enrumbarme
hacia Roraima sin más contratiempos.
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