viernes, 8 de julio de 2016

Tropiezos en el Camino.

Hay momentos de la vida en lo que todo lo que emprendemos parece ir de mal en peor. En uno de mis viajes a Roraima, tuve tantos problemas que hasta pensé en regresarme a casa. Creo que algunas veces tenemos esas señales en el camino; y que no sabemos descifrar, si seguir o parar. No es fácil decidir cuándo es una advertencia o una prueba de resistencia. Tal vez lo que lo determina pueda ser el motivo por el cual lo hacemos. Aun así como diría William Blake en sus proverbios del Infierno “El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio” y esto es algo a lo que llegamos cuando no entendemos el verdadero motivo de nuestro camino.

En una oportunidad en la que salía a Roraima solo con mi mochila;  a encontrarme conmigo mismo, porque es lo que uno siente. Mucha gente que viaja hasta allá, quiere regresar; sienten que al igual que a mí, la magia los atrapa. El autobús que tome hasta Santa Elena se accidentó. En la oscuridad de la noche en plena autopista, viendo como pasaban los carros, pensaba que esto se resolvería pronto, y que en un par de horas llegaría un nuevo autobús y retomaría mi camino, pero no fue así. No pude llegar de una sola vez. Eran aproximadamente las 2 de la mañana y el cansancio del día anterior con tantos preparativos me dejó agotado. Generalmente duermo en el viaje, pero en esta me fue imposible. Una mala noche, paradas interminables, luego una larga espera a orillas de la carretera esperando el supuesto autobús de reemplazo que nunca llegó. 
Foto: Angel Romero. Gran Sabana al Amanecer.

Me vi en la obligación de tomar un taxi que pasó, y dividí gastos con otros 2 pasajeros. Fue un mensaje divino me dije a mi mismo. En el terminal me enteré que no había autobuses, porque los pasajes estaban ya vendidos, no eran buenos pronósticos. Estas son las cosas que uno detesta pero que más comenta de un viaje. No sabía que hacer porque, no había autobús y para saber tenía que esperar hasta las 11 de la mañana. 

El silencio en el lugar era aterrador. Solo unos 2  grupos de personas esperando a lo lejos otras 2 vendiendo cigarrillos, El sueño me estaba pasando factura y sin tener donde dormir. Pasaron unos segundos cuando un autobús hacia caracas llegó. Me dije, “me voy a regresar” pero pensé en todo lo que ya había logrado y hecho y dije, no!, es tentador; pero me quedo. A las 4 de la mañana llegó lo que aquí en Venezuela llaman buseta (un autobús pequeño) que salía a las 5 am. Encontré puesto, “incomodo”, pero encontré. Pude pagar el pasaje, aunque perdí el dinero del primer viaje. Este hombre manejó con una rapidez de locos, y llegue a San Francisco a las 11am de ese mismo día para poder enrumbarme hacia Roraima sin más contratiempos.

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